La vertebral #3
“No hay nadie que aguante la libertad ajena”.
Foto de cottonbro studio
La vertebral #3 | “No hay nadie que aguante la libertad ajena”
Chavela Vargas decía que “no hay nadie que aguante la libertad ajena”, que “a nadie le gusta vivir con una persona libre” y que, si lo eres, la soledad es el precio que tendrás que pagar por ello.
La Vargas ponía palabras a ese miedo interno que se da, junto a la certeza, de que cualquier cambio en nuestro devenir va a ser profundamente castigado por el afuera.
Una amiga vira sus gustos y lo vivimos como una traición y una amenaza. Otra decide crecer en espacios diferentes a los que nos juntaron y nos pasamos la vida reprochándoselo. Un mero cambio de opinión se puede percibir como catástófico bajo estos parámetros.
Decir que nadie soporta a una persona libre es parecido a decir que nadie soporta a una persona viva, pero vivas, también decimos, nos queremos.
Puede ser impactante acudir plenamente despiertas a este mecanismo interrelacional que casi no se hace sentir. Como si adelgazarnos de vida hubiera ocupado el lugar de la dieta más común: la más normalizada.
Nos quedaríamos perplejas al descubrir la cantidad de vínculos que se sostienen únicamente porque reprimimos nuestros deseos, nuestros tránsitos. Relaciones que definen la lealtad y la amistad desde un cuerpo-tumba, sin fisuras. Desde una coherencia que ejerce su pureza en el discurso.
Pedirle a una persona que no cambie es exigirle que sea una cosa: que no disponga de agenciamiento propio, que no tenga pulso.
Hanna Arendt nos señaló que la concepción misma de los derechos humanos tambaleó en el momento en que pudimos ver cómo se trató a quienes “habían perdido todas las demás cualidades y relaciones específicas excepto las que seguían siendo humanas”.
Si me apuras, no va esto únicamente de dejar ser, sino de dejarnos ser.
Una identidad fija, sin cambios, sin nuevas primaveras, destinada al sectarismo, a cumplir con un tirano sentido de pertenencia; nos acabará ahogando tarde o temprano.
El derecho es a no ser lo que una era. Vivir y podernos ser infieles a nosotras mismas.
Así lo decía Hanif Kureishi:
“Evolucionar constituye una infidelidad, a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Cada día debería tener al menos una infidelidad esencial, una traición necesaria”.
Dicho de otra forma: bajo esta estrecha hegemonía, crecer implicaría decepcionar, casi siempre, a alguien.
Eso nos incluye a nosotras mismas porque la belleza de los cuerpos vivos no tiene que ver con el canon.
La belleza de los cuerpos vivos tiene que ver con el fracaso.
Chavela Vargas y Frida Kahlo fotografiadas por Tina Modotti.
🎧CANCIÓN: El breve espacio en que no estás de Pablo Milanés.
NOTA: Hay cambios que, sin embargo, están del lado de la hegemonía. Lo habláblamos en la primera columna. ¿Cómo nos enteramos de cuáles están de un lado o de otro? ¿Cómo los distingues tú? Te escucho.
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